Un día pensé en comprar un pedazo de cielo donde guardar nuestras estrellas, un día que los sueños no solo fueron sueños, donde se dejaron saborear y fueron sensibles a cada fragmento de tiempo; tiempo aquel de flores color violeta, flores con pétalos y polen de vida. ¿Pero qué haremos al copar nuestro espacio por tantos sueño en tantas estrellas?, mire nuevamente y las estrellas aparecen en medida en que creo esas ilusiones cuando te pienso, así que tengo que ingeniar como agrandar este pedazo de cielo; ¿Pero quién es el dueño del cielo? No lo conozco, lo quiero todo, quiero que me alcance el espacio, el tiempo y los sueños para instalar cada estrella que aparezca cuando diariamente lo desee.
Un día perderé la cuenta del total de estrellas que pueda haber creado, del total de sueños y pensamientos; pero entre más estrellas acierten la luz de nuestro camino, menos piedras encontraremos que tropiecen este destino.
Tenemos este cielo, porque la tierra misma nos ha de quedar corta a nuestros pasos, ha de ponernos un precio de estadía más alto al ver que las sonrisas no solo están en nuestro rostro, también se queda en el espacio ese mágico y de buena energía que dejamos.
No sueltes mi mano que me caigo en la misma tierra, no sueltes mi mano y llévame a esos sueños, a esos mismos que nos hacen soñar e ilusionar.
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